"La vida es breve y yo quiero vivir para siempre"
Hace muchos años un amigo me regaló un libro de un escritor japonés, Yukio Mishima. el título del libro era "La corrupción de un ángel". Sinceramente, aún no lo he terminado. Pocos libros he dejado inconclusos en mi vida y éste me avergüenza especialmente porque, paradójicamente, el autor me fascina. He leído últimamente bastante sobre él y sobre su vida intensa y pintoresca. Hago aquí un pequeño resumen.
Kimitake Hiraoka (verdadero nombre de Mishima) nació en 1925 en Tokio. Era hijo de un alto funcionario, pero la mayor parte de su infancia lo pasó con su abuela Natsu que se encargó de su educación. Era una mujer neurótica con aspiraciones aristocráticas y cuyos antepasados entroncaban con una estirpe de samurais. Tenía una gran afición al teatro kabuki y poseía una gran cultura. Ella intentó transmitir a su nieto los valores de los samurais, el gusto por la cultura y las tradiciones japonesas, pero junto a estos, algunos autores afirman que le transmitió también una extraña fascinación por la muerte. El carácter desequilibrado de su abuela aparece representados en algunos personajes de la obra de Mishima.
Fue un niño superdotado para la literatura y desde muy joven empezó a escribir por lo que su producción literaria hasta su muerte a los 45 años es amplísima y su éxito editorial en Japón no tiene parangón. Mishima fue un escritor disciplinado y versátil. No solo escribió novelas exquisitas y de gran calidad literaria, sino también novelas de series populares, relatos y ensayos literarios, también obras muy aclamadas para el teatro Kabuki y versiones modernas de dramas No tradicionales.
Se puede decir, sin embargo, que hay una línea divisoria entre las obras que podemos llamar de calidad y aquellas otras que, si bien tuvieron mayor éxito, eras menos elaboradas.
La vida de Mishima era una paradoja constante. Seguramente, convivían en él dos personalidades diferentes, no como enfermedad mental, sino como instrumentos para conseguir sus fines. Por un lado quería pasar a la historia de la literatura japonesa y escribir obras inmortales, pero a la vez deseaba la popularidad y el éxito editorial y económico aún a sabiendas de que calidad y popularidad solían ser incompatibles. Esa es quizá la explicación de los altibajos de sus obras.
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| Mishima culturista y samurai, en una de las imágenes suyas más conocidas |
Por otro lado, es fiel a los valores tradicionales de Japón, frente a la esterilidad espiritual de la vida moderna. Cultiva las artes, costumbres y modos anteriores a la occidentalización del país, pero no tiene inconveniente en vestir vaqueros y adaptar obras suyas a las maneras occidentales. Era, además, profundo conocedor de la literatura occidental, incluida la española por la que sentía una gran admiración. Viajó frecuentemente por Europa y Estados Unidos.
Según algunos autores, en Mishima había una homosexualidad latente que refleja en algunas de sus obras. Su novela, Confesiones de una máscara (1949), en parte autobiográfica relata la historia de un joven que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La historia tuvo un enorme éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años. En contradicción con esa supuesta homosexualidad, Mishima, hace alardes de masculinidad, frecuenta burdeles y cabarets y se casa y tiene hijos.
Si observamos las fotos de su niñez, nos encontramos con un muchacho apocado y tímido.
Seguramente ese carácter, esa timidez le acompañaron toda su vida, pero frente a esa introversión, es también un exhibicionista que disfruta siendo el centro de atención. Por ello, desde los 30 años (edad en la que ya el cuerpo está formado y es difícil transformarlo) se dedica a cultivar su cuerpo y se convierte en u fibroso culturista que se fotografía constantemente. Su explicación también es creíble, pues Mishima pensaba que si la mente podía moldear las palabras para crear belleza espiritual, la voluntad también podía modelar el cuerpo para crear belleza física.
Con una bajada de popularidad después de su éxito inicial (de esa bajada se recuperó), siempre estuvo en la cúspide literaria y social de su país.
Mishima escribió 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos, y al menos, 20 libros de ensayos, así como un libreto. Una gran porción de su obra se compone de libros escritos rápidamente sólo por los beneficios monetarios, pero incluso no teniendo en cuenta estos, seguimos teniendo una parte sustancial de su obra.
Entre sus obras principales, después de "Confesiones de una Máscara" le siguen, "El pabellón de oro" (1956) la cual retrata a un hombre obsesionado con la religión y la belleza; "El marino que perdió la Gracia del mar" (1963) es un relato truculento sobre los celos adolescentes; y en su epopeya de cuatro volúmenes, "El mar de la fertilidad" (1970), que comprende "Nieve de primavera", "Caballos desbocados", "El templo del alba" y "La corrupción de un ángel", analiza la transformación de su país en una sociedad moderna pero estéril.
Mishima no renunciaba a nada. Era un trabajador incansable y aceptaba todos los retos que se le presentaban. Así se dedicó a escribir guiones de cine, que siempre fueron exitosos, lo que le llevó, en fases sucesivas, a ser actor y director, protagonizando películas de gran éxito en su país.
Fruto de su abundante obra literaria es la perenne candidatura de Mishima al Premio Nobel. Fue propuesto 3 veces y cuando en 1968, al fin parecía que se lo darían, el premio recayó sobre su compatriota Yasunari Kawabata, venerable patriarca de las letras japonesas y mentor de Mishima, el cual aceptó la derrota y quedó convencido de que jamás le darían el Nobel.
Hasta aquí los aspectos mas conocidos de la vida del escritor, sin embargo lo que ha suscitado mayor polémica es su muerte. Es el mas conocido y a la vez el mas inquietante de los sucesos de su vida.
Como ya comentamos, Mishima descendía en una de las ramas familiares, de un clan de samurais. Su abuela, recordemos, le transmitió esos valores tradicionales y la importancia del honor del samurai que llega al sacrificio de la vida por conservarlo.
Cuando a Mishima le tocó alistarse para la guerra fue rechazado a causa de la tuberculosis. Él entendió este suceso como una humillación y un deshonor. Tal vez pretendiera revivir el espíritu samurai.
Cuando acaba la guerra, como muchos otros japoneses, sufre una decepción mayor: La renuncia "voluntaria" del Emperador a su divinidad. En un discurso público a la nación, Hirohito comunicó que su "divinidad" era sólo simbólica y que no descendía de los Dioses.
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| Mishima escenifica su "harakiri" |
Esto, que a nosotros nos puede parecer cuando menos una nimiedad, representaba la fractura irreparable en la mentalidad, las costumbres y las tradiciones del país. Muchos japoneses se suicidaron al saber que el Emperador no era divino.
Algunos, apelando a esas tradiciones y al sentido del honor, se hicieron el "harakiri".
"Harakiri" significa literalmente "rajarse el vientre".
En puridad, el "harakiri" es sólo una parte de un ritual mas complejo llamado "seppuku" y era la forma habitual de muerte voluntaria de los samurais.
Haré una pequeña descripción del ritual: tras redactar un poema de despedida, el ejecutante se arrodillaba y descubria su pecho y vientre y se metía las mangas del kimono bajo las rodillas para impedir que su cuerpo cayera indecorosamente hacia atrás al sobrevenirle la muerte; después cogía la daga y la envolvía en una tela o en papel de arroz, para no cortarse la mano, ya que se agarraba la daga por la hoja para poder hacer más fuerza.
La daga se clavaba en el vientre en el lado izquierdo con el filo hacia la derecha y el ejecutante debía rajar hacia la derecha hasta el otro extremo del vientre. Después debía volver al centro y rajar de abajo hacia arriba hasta el esternón.
A continuación, para concluir de forma adecuada, un amigo, que habría permanecido a su lado, le cortaría la cabeza para evitar más sufrimiento. Esta muerte honrosa estaba reservada para los más valientes.
Lo descrito en los párrafos anteriores es el ideal del samurai, pero la realidad era que muy pocos conseguían completar el ritual. Lo normal era que después de clavar la daga el dolor impidiera seguir rajando. En esos casos el ejecutante hacía una señal para que su amigo ayudante le cortara la cabeza de un solo tajo. Se consideraba que el "seppuku" se había cometido con honor, o sea, de acuerdo con las normas.
Pues bien, como dije, muchos japoneses optaron por esta muerte honorable antes que aceptar la derrota de Japón y el sometimiento del divino emperador a un poder extranjero.
Por su parte, Mishima dedicará toda su vida a reparar este deshonor personal y nacional.
Se convirtió en un experto en kendo (esgrima japonesa) y coleccionaba katanas. En algunas de sus novelas y en alguna película aparece el tema recurrente del harakiri con él mismo como protagonista.
Mishima reafirma a lo largo de su carrera el deseo de regenerar Japón y devolverlo a los valores antiguos y a las tradiciones. Frente a la modernidad que acepta pasivamente, milita en todo lo que consolide el orgullo de la nación.
Por último, al ver que sus ideales van perdiendo fuerza poco a poco, crea un plan de choque que golpee la conciencia dormida de los japoneses.
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| TATENOKAI |
En primer lugar forma un ejercito privado llamado "Tatenokai" que significa "Sociedad del Escudo". Selecciona sus componentes, diseña sus uniformes, elabora su credo, establece sus estrategias. Llegó a tener 300 miembros. Su ejército no sería un ejército para matar, sino para ... morir por el Emperador. Por eso se llama la Sociedad del Escudo, para hacer de escudo del Emperador cuando restaure su poder y su divinidad. Llegado el momento, se interpondría entre los opositores y el emperador, dejándose aplastar, pero impidiendo que lleguen a tocar a Hirohito.
Este fantástico y fantasioso planteamiento no produjo resultado alguno, pues el emperador no tenía en ningún momento intención de recuperar su divinidad, por lo que los planes de Mishima se derrumban con facilidad.
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| El último día. Incitando a las tropas a la sublevación |
No importa, tiene un plan definitivo. Después de una planificación exhaustiva, decide asaltar el Cuartel General del Ejército y secuestrar al Jefe del Estado Mayor, general Mashita, y desde el balcón de su despacho arengar a los soldados para que se alzaran contra la destrucción del Japón tradicional y restituir los poderes del Emperador.
La popularidad de Mishima le ayuda a conseguir una cita con el general Mashita que se siente halagado con la visita de un personaje tan ilustre.
Mishima acude con varios seguidores suyos vestidos con sus vistosos uniformes y llevando su katana: un magnífico ejemplar del siglo XVI. El general Mashita los recibe en su despacho, a los pocos minutos bloquean las puertas y retienen al general.
Mishima convoca a todos los soldados y lanza una alocución que se ve interrumpida a los pocos minutos, por los gritos e insultos de los soldados que lo llaman loco y payaso. Decide entrar de nuevo en el despacho y lacónicamente le dice a sus compañeros: "No han entendido nuestro mensaje".
Entonces se incia el ritual del "seppuku". Mishima se arrodilla, mientras el general Mashita grita horrorizado intentando que Mishima desista, pero eso es ya imposible. El acto honorable que iba a cometer Mishima estaba planificado desde hacía muchos meses.
Quería suicidarse como acto de protesta y para enardecer a los soldados. El resultado del discurso era lo de menos. Su muerte llevaba 25 años de demora ... desde que no pudo morir por el Emperador durante la Segunda Guerra Mundial.
Masakatsu Morita, su discípulo era el asistente encargado de cortar su cabeza. Cuando Mishima le hizo la señal, Morita descargó el golpe en el cuello de Mishima, pero por miedo o por los nervios lo hizo mal y tuvo que descargar tres golpes sin conseguir separar la cabeza del cuerpo., por lo que fue Hiroyasu Koga el que tomando la katana, corta definitivamente la cabeza de Mishima. A continuación Morita, se arrodilla y se hace el harakiri y nuevamente Koga toma la katana para decapitar también a su amigo.
Los supervivientes abren la puerta y se entregan. Cuando la Policía entra en el despacho el horror está grabado en sus caras.
El resultado de todo el plan de Mishima es nulo, nada cambia en Japón y desde nuestro punto de vista occidental su acción es esperpéntica, obra de un loco y sus secuaces. Desde el punto de vista de un japonés, y más aún si es un samurai, como lo era Mishima, esa acción es la más elevada que puede concebir un ser humano, porque no importa el resultado, sino la idea, el honor, los principios.
No hubo nada improvisado en su vida, los últimos pasos estaban medidos. La misma mañana del día de su muerte, entregó a su editor el manuscrito de su última obra: "La corrupción de un ángel".
Prometo que esta vez lo terminaré porque el último samurai merece mi respeto.




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